La contribución de España y los hispanos a la independencia de los Estados Unidos

desvelando
memorias

La independencia y el nacimiento de los Estados Unidos es un acontecimiento histórico de gran trascendencia, que no hubiera sido posible sin la ayuda de españoles y franceses. Cuando las Trece Colonias se sublevaron contra Gran Bretaña, que entonces era la mayor potencia militar del mundo, no tenían armas ni pólvora ni dinero para la guerra. España envió, entre 1775 y 1781, miles de armas, mantas, uniformes y préstamos de dinero para el ejército de Washington por importe de más de 3 millones de pesos (3 billones de USD al cambio actual). Miles de soldados y marinos hispanos, nacidos tanto en Europa como en América, contribuyeron con la ofrenda de su sangre al nacimiento de la nueva nación.

El proyecto Desvelando memorias [Unveiling Memories] trata de recuperar • esta historia hispana y americana compartida •, poniendo en valor la contribución de España y del mundo hispánico a la independencia de los Estados Unidos de América. Comprende diversas iniciativas a ambos lados del Atlántico e incluye, entre otras actividades, actuaciones en museos e instituciones oficiales y entidades privadas, exposiciones, publicaciones, conmemoraciones, recursos digitales, apoyo a formación, docencia e investigación y colaboración con medios de comunicación. El proyecto está impulsado y patrocinado por Iberdrola y su filial Avangrid.

La historia
y el proyecto

«Si nos salvamos, será gracias a Francia y España».
Alexander Hamilton, PADRE FUNDADOR, 1780

Marblehead,
Gardoqui y
los fusiles en salazón

Diego de Gardoqui era un hombre de negocios español, de la ciudad de Bilbao, que tenía importantes conexiones con comerciantes americanos. En Marblehead, una ciudad especializada en el comercio de bacalao, sus corresponsales eran Jeremiah Lee y Elbridge Gerry.

A finales de 1774, Jeremiah Lee envió una petición urgente de armas y pólvora a Gardoqui. En una carta fechada el 17 de abril de 1775, Gardoqui contestó que enviaba 300 mosquetes con bayonetas y 600 pares de pistolas. El 5 de julio de 1775, Elbridge Gerry encargaba «buenas pistolas» y pólvora. Estas fueron las primeras armas extranjeras que tuvo la Revolución Americana.

El conde de Aranda era embajador en Francia cuando las Trece Colonias declararon la independencia y aconsejó a la Corte de Madrid que les prestara apoyo. La insistencia de Aranda y del ministro francés de exteriores, Charles Gravier de Vergennes, consiguió que los reyes de España y de Francia entregaran 1 millón de libras francesas cada uno, para comprar material de guerra para los rebeldes americanos en julio de 1776. Esta importante ayuda, que ambos países enviaron secretamente, contribuyó a la primera victoria revolucionaria en Saratoga en 1777.

That same year, George Washington wrote to Congress: “My soldiers lack everything needed for the war”. In an attempt to tackle this serious situation, the Colonies sought international assistance. Arthur Lee was sent to Spain as a representative of the Continental Congress. Lee met secretly in the city of Vitoria with Diego de Gardoqui, at his wife Brigida's family home, highlighting the importance of the various roles played by women in the war.

Durante los años 1777 y 1778, ya como encargado oficial por el Gobierno español, Gardoqui multiplicó las remesas de fusiles y de decenas de miles de mantas, botas y telas para uniformes, que aliviaron la desastrosa situación de las tropas de Washington. También remitió a América suministros navales, que fueron en parte pagados en dinero, con préstamos o mediante tabaco, alquitrán y betún.

New Orleans provided several shipments of material and money, which in fact came from Cuba and Mexico. In 1778, for example, Captain James Willing collected “a large quantity of blue, red and white cloth, 6 crates of quinine, 8 boxes of various medicines, 10,000 kg of gunpowder in 100 kegs and 300 rifles with bayonets”. In 1778 and 1779, uniforms and other supplies were also sent to George Rogers Clark's troops operating north of the Mississippi River, Illinois.

En junio de 1779, España se unía a Francia en la guerra contra Inglaterra, tal como había aconsejado Aranda.

John Jay, New York congressman and second envoy to Madrid, received large sums of money in the course of 1780-81, either directly from Gardoqui or via other Court figures. A shipment of over 4,000 uniforms, captured from the British by the Spanish Armada, set out from Cádiz bound for Salem, Newbury and Boston, where it arrived in the spring of 1781. Once dyed brown, the uniforms were distributed among Washington's troops.

«La suerte de las colonias nos interesa especialmente,
y se hará para ayudarlas todo lo que las circunstancias nos permitan».
Conde de Floridablanca, primer ministro español, 1777

En la primavera de 1781, el Congreso Continental, que se reunía en Filadelfia, estaba en bancarrota. Robert Morris, superintendente de finanzas, pidió ayuda a los franceses, pero estos tenían sus propios problemas, ya que el general conde de Rochambeau tenía que pagar a sus soldados en territorio americano.

Rochambeau envió un mensaje al almirante conde de Grasse, quien, con su escuadra, estaba llegando a las Antillas procedente de Francia. Le pedía que consiguiera dinero en la colonia francesa de Santo Domingo o que se lo solicitara a los españoles. Pero, a su llegada a Santo Domingo, Grasse no consiguió apenas dinero.

Entonces entró en escena un hombre fundamental: Francisco de Saavedra, el comisionado especial del rey de España en Cuba. Saavedra autorizó el préstamo de 1 millón de pesos. Parte de ese dinero lo reunió en cuarenta y ocho horas en La Habana y partió a bordo de la fragata Aigrette el 17 de agosto. Parte vino de México.

El tesorero de Rochambeau, Claude Blanchard, relata en sus memorias cómo el peso de las monedas de plata rompió el suelo de la casa de Williamsburg donde se almacenaban. El 5 de septiembre, Morris recibía, por fin, 26.000 pesos, necesarios para pagar a los soldados de Washington. Era la primera vez que la mayoría de ellos veía dinero en metálico desde el principio de su servicio.

Tras la derrota de la escuadra inglesa en la bahía de Chesapeake y el posterior asedio franco-norteamericano a Yorktown, en octubre se consiguió la victoria definitiva de la guerra, en la que el dinero y la alianza con España tuvieron este gran protagonismo, hoy casi olvidado.

Entre finales de 1781 y 1782, otros 2 millones de pesos fueron entregados a los franceses, provenientes de una colecta denominada «Donativo Universal», realizada por el virrey Martín de Mayorga en Nueva España (hoy México, Salvador, Guatemala, Honduras y Costa Rica). Fue una contribución excepcional de los hispanos, en la que participaron indios, mestizos, criollos y europeos, para la derrota de Inglaterra y la independencia de los Estados Unidos.

La plata española
hunde
el suelo

«Los Estados Unidos han recibido ya
una considerable ayuda de la Corte de Madrid. 

Aún se espera mucho más; y en el futuro, estos servicios serán pagados con honor, tal y como ahora son reconocidos con gratitud».
Robert Morris a J. Cagigal, gobernador de cuba, 1781

Operaciones
militares
de España

Inmediatamente después de que el embajador español entregara en Londres la declaración de guerra a Gran Bretaña en junio de 1779, se emprendieron, en coordinación con Francia, una serie de importantes operaciones militares. Tenían como objetivo abrir nuevos frentes a Gran Bretaña en lo que se convertiría en un conflicto global, no solo en América, sino también en Europa y por el Atlántico.

Para España, los objetivos eran, en Europa, la reconquista de Gibraltar y de la isla de Menorca y, en América, expulsar a los británicos del río Misisipí, de La Florida, Honduras y Nicaragua; además de la conquista de las Bahamas y de Jamaica.

En 1779 se intentó invadir, infructuosamente, las islas británicas mediante una escuadra francoespañola y se reactivó el asedio a Gibraltar. Francia envió una flota a Norteamérica con unos 3.000 soldados, que no consiguieron ninguna acción decisiva. Gálvez atacó a los ingleses en La Luisiana.

En 1780 se acordó trasladar el esfuerzo principal a América. En abril partió de Brest la Expedition Particuliére, con unos 4.000 soldados franceses, para combatir junto al Continental Army. De España partió en mayo el Ejército de Operación, con unos 12.000 soldados, entre ellos Francisco de Miranda, para combatir en La Florida y el Caribe. La flota, de más de 80 buques, estaba al mando del almirante José Solano.

En 1781 se conquistó Pensacola y al año siguiente, las Bahamas. En 1782 se recuperó Menorca, pero Gibraltar nunca pudo tomarse.

Soldados de Francia en América

Ejército de D’ Estaing (1779)
3000 soldados

Ejército de Rochambeau-Grasse (1780)
7000 soldados

Bajas aproximadas
2100 soldados

Soldados de España en América

Refuerzos (1779)
1200 soldados

Ejército de Operación (Solano-Gálvez)
11000 soldados

Bajas aproximadas
2500 soldados

Juan de Miralles, naviero y empresario establecido en La Habana y con amplias relaciones comerciales en el Caribe, fue el primer representante de España ante el Congreso y entabló amistad y mantuvo contactos frecuentes con George Washington, el embajador francés y muchas otras personalidades políticas y militares. Mediante Oliver Pollock, su socio en Nueva Orleans e inventor del símbolo del dólar, intervino para que el gobernador de La Luisiana Española, Bernardo de Gálvez, proporcionara, secretamente, ayuda a los rebeldes.

En agosto de 1779, Bernardo de Gálvez partía de Nueva Orleans a la cabeza de un ejército multicultural de unos 1.500 hombres. Comenzaba así su famosa marcha, cuyo objetivo era capturar los fuertes ingleses establecidos río Misisipí arriba.

Gálvez se entrevistó con los líderes nativos americanos de La Luisiana para intentar atraerlos al lado de España. En La Florida consiguió la amistad de los chactás y chicasacs, que le ayudaron en sus campañas y que abandonaron la costumbre de matar a los prisioneros. Por su parte, los creeks permanecieron como aliados de los británicos.

En 1789 se firmó un importante tratado que reconocía los derechos de las Naciones Indias en La Luisana y La Florida españolas.

Por otro lado, los británicos quisieron impedir que España utilizara el alto Misisipí para ayudar a los rebeldes y atacaron desde el norte los asentamientos españoles. La acción más destacada, en aquellos parajes casi deshabitados del norte, fue la defensa de San Luis (hoy Saint Louis, Misuri) en mayo de 1780. A pesar de contar con solo un puñado de defensores, incluidas algunas esposas de soldados y colonos, el capitán Fernando de Leyba consiguió rechazar al enemigo.

Estrategias hispanas en el Misisipí

España y las Naciones Indias

Gálvez se entrevistó con los líderes nativos americanos de La Luisiana para intentar atraerlos al lado de España.

En La Florida consiguió la amistad de los chactás y chicasacs, que le ayudaron en sus campañas y que abandonaron la costumbre de matar a los prisioneros. Por su parte, los creeks permanecieron como aliados de los británicos.

En 1789 se firmó un importante tratado que reconocía los derechos de las Naciones Indias en La Luisana y La Florida españolas.

Gran victoria
en
Pensacola

Pensacola era la capital de La Florida británica. Para atacarla, Bernardo de Gálvez decidió tomar primero la ciudad de La Mobila (hoy Mobile, Alabama), lo que consiguió en marzo de 1780 tras un corto asedio.

Un huracán imposibilitó a Gálvez atacar a finales de año. Pero en febrero de 1781, partía nuevamente de La Habana a la conquista de Pensacola, confiando en que los ingleses no atacarían a su vez la isla de Cuba.

Como muchos de los soldados llegados de Europa el año anterior habían fallecido víctimas de las enfermedades tropicales, tuvo que incluir tropas de Cuba, La Luisiana y México.

El 18 de marzo, la flota entraba en la bahía de Pensacola bajo el fuego enemigo. Gálvez navegaba el primero, dando ejemplo a bordo de su bergantín, el Galveztown.

Siguieron seis semanas de marchas, trabajo de trincheras y combates. Con la llegada de un oportuno refuerzo de barcos, tropas e, incluso, soldados franceses, Gálvez contó con más de 7.000 hombres para oponerse a los 3.000 británicos atrincherados en los tres fuertes que defendían la ciudad.

Ante las bajas, la escasez de alimentos y municiones y las frecuentes tempestades, Gálvez, que había resultado herido, sabía que era necesario hacer un esfuerzo final o bien abandonar el asedio.

La suerte le acompañó. A las seis de la mañana del día 8 de mayo, un proyectil disparado por uno de sus cañones alcanzó el polvorín del fuerte central enemigo, lo voló por los aires y acabó con sus defensores.

El 9 de mayo se rindieron el general Campbell y el gobernador Chester y entregaron las armas y banderas.

En total, Gálvez tomó 1.250 prisioneros y 150 cañones. Los ingleses y sus aliados habían sufrido 219 bajas. Los españoles, unas 300. Fue una de las mayores batallas de la guerra en América.

Por otro lado, en 1782 tuvo lugar la primera acción conjunta de las marinas española y norteamericana en la historia, para acabar con la presencia británica en las Bahamas, una amenaza constante para la navegación en la zona. La escuadra combinada llegó el 23 de abril frente a la ciudad de Nassau, en la isla de Providence. Tras un cañoneo, los ingleses izaron la bandera blanca el 8 de mayo de ese mismo año.

El ejército multicultural de Gálvez

170
Soldados veteranos de los regimientos Príncipe, España y Fijo de La Habana

330
Reclutas del Regimiento Fijo de La Luisiana

80
Milicianos de Nueva Orleans

80
Afroamericanos libres

600
Voluntarios acadianos (canadienses), alemanes y franceses

160
Indios americanos de las naciones opelousa y atakapa

8
Rebeldes norteamericanos

Tras la guerra, Washington buscaba mejorar la crianza de las escasas mulas con las que contaba en su plantación de Mount Vernon, Virginia. España contaba con una de las mejores razas de asnos, la zamorana, que, al mezclarlos con yeguas, daba unos excelentes ejemplares de mula.

Washington comentó el tema a su amigo Diego de Gardoqui, por entonces embajador del Reino de España en Estados Unidos. Este consiguió que el secretario de Estado, el conde de Floridablanca, informara al rey Carlos III, quien decidió autorizar la salida de una pareja de asnos como regalo personal. Aunque uno murió durante la travesía a América, con el superviviente, que llegó a Virginia el 19 de diciembre de 1785, Washington comenzó una provechosa crianza de mulas.

Un burro 
va
a Washington

Ciudadano de honor de los Estados Unidos

El presidente Barack Obama firmó, en el año 2014, la Ley Pública 113/229, por la que se concedió la ciudadanía de honor a título póstumo a Bernardo de Gálvez, ya que «tuvo una actuación fundamental durante la Guerra de la Revolución y ayudó a asegurar la independencia de los Estados Unidos».

Este reconocimiento oficial lo poseen únicamente otras ocho personalidades del mundo. La ley también declara, entre otras cosas, que Gálvez «fue herido y demostró un valor que será siempre apreciado por los soldados de los Estados Unidos».

También en 2014 se colgó su retrato en un despacho del edificio del Congreso, cumpliéndose así un acuerdo de hace más de dos siglos de los Padres Fundadores.

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